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Honestidad brutal

Honestidad brutal
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Pier Paolo Pasolini afirmaba, hace más de cuarenta años: “Hoy en día la libertad sexual de la mayoría de personas es en realidad una convención, una obligación, un deber social, un ansia social, una característica irrenunciable en la calidad de vida del consumidor”. Parece una sentencia no acorde a un provocador como el director de Teorema o Saló. Sin embargo lo que denuncia Pasolini no es la posibilidad de renunciar a los atávicos deberes de una pareja estable, sino a que el móvil que está detrás de esa renuncia sea una imposición de la misma sociedad capitalista que nos hace cambiar de electrodomésticos merced a la obsolescencia programada. Algo de esta reflexión de Pasolini parece colarse por varios intersticios del unipersonal Terrorismo emocional, el debut como dramaturga de Josefina Trías.

El punto de partida del espectáculo es la separación de la protagonista, Clara, y la vuelta a la casa de sus padres, con todo lo que esto conlleva para una mujer joven de esta época. Algunos pocos objetos, con un colchón en el piso como centro, sirven para ubicar al espectador en el dormitorio de Clara. Y la veremos y escucharemos contactarse con el exterior la mayor parte del tiempo gracias al teléfono celular, con todas sus posibilidades. Los momentos más divertidos serán varias de las comunicaciones con su padre, que desde otras habitaciones de la misma casa intenta animar a su hija, logrando en cada intento desanimarla un poco más. Pero Clara también se comunica con sí misma, y en el ejercicio de introspección y reflexión personal surge el vínculo con el lenguaje, algo que termina estructurando en gran medida a la obra. La comunicación consigo misma tiene como mediadores instrumentos tradicionales, como puede ser un cuaderno a modo de diario, pero también el celular, que se convertirá en un objeto recurrente de la obra.

Esbozado el esquema, lo que veremos luego será un puñado de relaciones de la protagonista, y de reflexiones sobre esas relaciones. Y no nos referimos solamente a relaciones sentimentales. Uno de los aspectos en los que pone foco el espectáculo es en el vínculo entre la protagonista y su propio cuerpo, vínculo en el que no falta el peso de la mediación del ginecólogo. Pasaremos también por los vínculos familiares hasta llegar a las múltiples formas en que se vivencia la pareja el día de hoy, formas que contrastan, aunque no sea algo que se explicite, con la manera en que viven su relación los padres de Clara. En definitiva Clara ha atravesado una ruptura que justamente la obliga a cuestionar cómo se constituye eso que se ha roto. Y eso la enfrenta a las múltiples formas de establecer vínculos de pareja que conviven hoy en día, entre ellas -Tinder mediante- algunas que cuestionan a la pareja tradicional. En esa multiplicidad de formas de entender los vínculos emocionales en la actualidad Clara se sitúa cercana a una concepción más bien tradicional de la relación de pareja, y parece razonar como Pasolini para cuestionar la “mercantilización” de los vínculos, convertidos quizá, como sospechaba el director y poeta italiano, en otra forma de capital que debe acumularse.

 

Teatro de este tiempo y de este lugar

Uno de los aspectos más potentes de Terrorismo emocional es que habla de hoy, de las personas jóvenes de clase media de esta época y de cómo se relacionan entre sí hoy en nuestra sociedad. Y si bien el público femenino va a encontrar más resonancias que el masculino en algunas escenas, cualquier adulto joven montevideano del sector social al que pertenece Clara se va a reconocer en algunos pasajes de esta obra. Y no es lo más frecuente, por paradójico que resulte, que la dramaturgia local se refiera a situaciones o personajes locales. Clara, cuestionándose a sí misma y buscando el anclaje para sus vínculos, le habla a jóvenes de hoy, de ahora, con una honestidad brutal por momentos. Pero ojo, la estética desde que se aborda esa comunicación con un público contemporáneo no es reiterativa ni uniforme. La actriz, en notable dupla con el director Bruno Contenti, parece tomar elementos del stand up, otros de monólogos más convencionales, pero entre retazos más naturalistas no faltan exasperaciones con entonaciones casi expresionistas. El trabajo con los objetos es el necesario para lograr el efecto buscado, un ejemplo claro es la escena de la visita a la ginecóloga, pero también la forma en que aparece el celular como decíamos antes, o la utilización de la lámpara portátil como elemento que se integra al diseño de luces. Que el tecladista ejecute en vivo la música que dialoga con las emociones que atraviesa Clara también contribuye a entretejer un espectáculo que abreva en varias formas para erigirse, a pesar de esto, en un hecho escénico con una notable unidad estética. Y es que los recursos están conjugados con las emociones de la protagonista, y se adaptan a esas emociones sin forzarlas. Las “formas” se vuelven “contenido” logrando una comunicación honesta y cargada de “verdad” escénica.

Vimos actuar por primera vez a Josefina Trías encarnando uno de los personajes que habitaba el Último piso del Hotel California, espectáculo de María Dodera con texto de Santiago Sanguinetti por el año 2010. El trabajo era el egreso de una generación del Instituto de Actuación de Montevideo, y desde ese entonces hasta hoy Trías ha trabajado en espectáculos más convencionales, como varios montajes en el mismo Teatro Alianza, y otros más arriesgados. Entre estos últimos podemos recordar Algo de ruido hace (2012), de Romina Paula y dirección de Fabio Zidan; Argumento contra la existencia de vida inteligente en el Como Sur (2013), escrita y dirigida por Santiago Sanguinetti; y dos excelentes trabajos realizados el año pasado: Subterránea, del propio Bruno Contenti; e Inconfesable, de Lucía Trentini. La actuación de Trías en Terrorismo emocional llega entonces precedida por una serie de momentos que pautan una carrera en ascenso. En ese contexto Terrorismo emocional es un trabajo consagratorio y una de las actuaciones más intensas que se van a poder ver este año. Más allá de las múltiples posibilidades del espectáculo de hacer reflexionar al espectador, estamos ante una de esas actuaciones, como nos gusta decir, que invitan al teatro en sí mismas. No se la pierdan.

Terrorismo emocional. Texto y actuación: Josefina Trías. Dirección: Bruno Contenti. Composición musical y música en escena: Leandro Aquistapacie.

 Funciones: viernes 21:00. Sala 2 del Teatro Alianza.

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Leonardo Flamia Periodista, ejerce la crítica teatral en el semanario Voces y la docencia en educación media. Cursa Economía y Filosofía en la UDELAR y Matemáticas en el IPA. Ha realizado cursos y talleres de crítica cinematográfica y teatral con Manuel Martínez Carril, Miguel Lagorio, Guillermo Zapiola, Javier Porta Fouz y Jorge Dubatti. También ha participado en seminarios y conferencias sobre teatro, música y artes visuales coordinados por gente como Hans-Thies Lehmann, Coriún Aharonián, Gabriel Peluffo, Luis Ferreira y Lucía Pittaluga. Entre 1998 y 2005 forma parte del colectivo que gestiona la radio comunitaria Alternativa FM y es colaborador del suplemento Puro Rock del diario La República y de la revista Bonus Track. Entre 2006 y 2010 se desempeña como editor de la revista Guía del Ocio. Desde el 2010 hasta la actualidad es colaborador del semanario Voces. En 2016 y 2017 ha dado participado dando charlas sobre crítica teatral y dramaturgia uruguaya contemporánea en la Especialización en Historia del Arte y Patrimonio realizado en el Instituto Universitario CLAEH.